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En sintonía con la Asamblea Eclesial Latinoamericana, la vida religiosa de América Latina se une por una Economía Samaritana

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Línea de ayuda: Más de 100 Congregaciones y Conferencias de Religiosos de siete países firman un manifiesto en el que piden un modelo de desarrollo postextractivista que respete a los pueblos y la Casa Común.

 Clausurado hace quince días, el proceso presencial de la Asamblea Eclesial Latinoamericana actualizó a las Conferencias Continentales de la Iglesia Latinoamericana en clave sinodal. La preocupación por los pobres y la Casa Común, ambos víctimas del actual sistema económico, está entre los retos y opciones de la Asamblea al proponer la conversión pastoral a través de una Ecología Integral.

 

En un comunicado previo al evento, que se realizó en forma híbrida con el encuentro presencial en la Ciudad de México, más de 300 organizaciones eclesiales y movimientos populares se sumaron al llamado que hizo el Papa Francisco durante el IV Encuentro con los Movimientos Populares: es hora de detener la locomotora que nos lleva al abismo. En un manifiesto titulado “Frente a una economía de muerte, construyamos una economía samaritana”, las entidades proponen la construcción de “decisiones coherentes en las prácticas financieras y de consumo, en las políticas económicas y de inversión que promuevan los derechos humanos, la justicia social, climática y ambiental, la equidad de género y el bien común, de acuerdo con el mandato divino de proteger la creación (Gn 2.15).

Entre las organizaciones que impulsan el llamamiento a una economía “que actúe como instrumento de la acción misionera de la Iglesia” están más de 100 congregaciones religiosas y las conferencias nacionales de religiosos y religiosas de Brasil, Argentina, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Ecuador y República Dominicana . “Hemos asumido un compromiso profético para ayudar a transformar el modelo económico de la desigualdad”, sostiene el documento.

En continuidad con la iniciativa surgida del proceso sinodal de la Asamblea Eclesial, y con el objetivo de construir una agenda de trabajo para el 2022, la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) y la Red Iglesias y Minería invitan a los institutos de vida consagrada al webinar “Vida religiosa en América Latina: construir caminos para cuidar de la Casa Común frente a la violencia de las economías extractivas”. El encuentro tendrá lugar el martes 7 de diciembre a las 10 de la mañana en Colombia y reunirá a las comisiones de Justicia, Paz y Cuidado de la Creación (JPIC) que trabajan en América Latina. El encuentro busca planificar actividades en red a favor de la Ecología Integral y la Economía Samaritana como respuestas al grito de la tierra y al grito de los pobres, desde la perspectiva de la vida religiosa en América Latina.

 

Manifiesto por una economía samaritana

Lanzado la semana anterior a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en comunión con la Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe y en línea con la Plataforma de Acción Laudato Si’, el manifiesto reflexiona sobre los proyectos de extracción económica y otras industrias que destruyen y contaminan (cf. QA 49) y resuena la petición del Papa Francisco a “las empresas extractivas -mineras, petroleras, forestales, inmobiliarias, agroindustriales- para que dejen de destruir bosques, pantanos y montañas, para que dejen de contaminar ríos y mares, para que dejen de envenenar a las personas y los alimentos”. En el camino de proponer alternativas, el documento menciona la Campaña de Desinversión en la Minería, que propone la reconversión ecológica desde un punto de vista económico. Presente en los últimos rincones del mundo, como signo de esperanza y profetismo, la vida religiosa

Animada por la Red Latinoamericana de Iglesias y Minería en coparticipación con decenas de organizaciones -entre ellas la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR)- la campaña busca responder al compromiso asumido en el documento final del Sínodo de la Amazonia celebrado en Roma en octubre de 2019. “Asumimos y apoyamos las campañas de desinversión de compañías extractivas relacionadas al daño socio-ecológico de la Amazonía, comenzando por las propias instituciones eclesiales y también en alianza con otras Iglesias” (70, Documento Final – Sínodo Amazónico). El manifiesto afirma que la desinversión minera propone un acto de coherencia ética dentro de las iglesias y sus instituciones. “Nos ayuda a no ser cómplices de la destrucción de la Casa Común y a ponernos al lado de las muchas comunidades que sufren los impactos del extractivismo”, dicen las más de 300 entidades firmantes.

Una invitación a las congregaciones religiosas

 Hay muchas voces proféticas en América Latina. Entre los ecos que resuenan se encuentran cientos de religiosos y religiosas que sienten “hambre y sed de justicia” (Mt 5,6) y que tienen entre sus temas el acompañamiento de las comunidades afectadas por la gran minería. Actualmente, según el Mapa de Conflictos Mineros en América Latina (OCMAL), hay más de 280 realidades martirizadas con más de 300 proyectos mineros involucrados. Hay casos de criminalización de líderes, conflictos territoriales, violación de consultas previas e informadas para la instalación de la minería en los territorios y 162 de ellos se refieren al acceso al agua por parte de las comunidades. En Brasil, por ejemplo, según la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), la minería es la principal responsable de los conflictos relacionados con el agua, afectando a 70.000 familias en 2019.

La red Iglesias y Minería y más de 20 entidades aliadas se comprometen a seguir promoviendo conjuntamente y facilitando la reflexión y el seguimiento de los impactos de la minería en los territorios. A través de la Campaña de Desinversión en la Minería, el grupo de organizaciones y las comunidades martirizadas por este modelo económico invitan a las instituciones eclesiales – congregaciones, diócesis, parroquias y otras – a reflexionar sobre sus decisiones de inversión ética y sus relaciones con los bancos y los modelos de impacto social que éstas provocan.